PRECIS 2 Noemi Martin Santo
Ángel Rama atribuye a los modernistas una extraordinaria capacidad de asimilar lo externo al continente para convertirlo en parte de la cultura propia. : “… los escritores modernistas fueron más sofisticados y también más avezados comediantes…” (152). Este logro no lo habían conseguido en su totalidad sus antecesores los románticos, debido entre otros factores al “manejo de esquemas intelectuales copiados fervorosamente de los franceses o norteamericanos.” (152).
En relación al término “comediante” y al carnaval, Heraldos nos presenta una fiesta: una fila de mujeres anunciadas con fanfarrias, una tras otra, como en un desfile. Estas aparecen de forma ordenada y su llegada se anuncia por todo lo alto y –suponemos- alegremente.
Sin embargo, el título ya nos anuncia lo oculto, lo no evidente, con lo que Darío juega para distraer la atención y lograr un efecto poético pero descarnado. Heraldos, con relación al carnaval, tiene el elemento de es el factor de doble sentido que contiene el poema y la contradicción entre forma y contenido. Para empezar, se trata de una estructura aparentemente sencilla: nueve estrofas, compuesta cada una de dos versos excepto la octava, sin rima regular. El primer verso trata sobre una o más mujeres y el segundo, de los heraldos que anuncian su llegada. Esta enumeración provoca el efecto que describe Alexis de Tocqueville: “se procurará asombrar más bien que agradar, y se tratará de excitar las pasiones más bien que encantar el gusto” (434).
Darío juega con los personajes con ánimo universalista, incorporando mujeres de la literatura y la tradición que conforman un ejemplo del eterno femenino occidental. Algunos personajes son mitos evidentes, como la bella Helena que provocó la destrucción de Troya, la reina Makheda que sedujo a Salomón. Otros son ambigüos, como Clorinda, que quizás es la ninfa Chloé, pero también podría ser Clorinda de Gerusalemme Liberata (1580) de Torquato Tasso.
Sin embargo, el protagonismo no es de las mujeres sino de los heraldos que anuncian su llegada a una fiesta o su paso por una calle donde los observadores contemplan la cabalgata. En este sentido, cada estrofa provoca un efecto de irrealidad puesto que los personajes no pueden ser mujeres reales anunciadas por animales, y lo evidente de su identidad literaria nos recuerda que sólo se trata de un poema, un juego de palabras que enmascaran el sentimiento de espera.
El efecto de sinestesia convierte al poema visual a la par que sonoro. Los heraldos, que tradicionalmente anuncian la llegada de los personajes con fanfarrias, en este caso lo hacen sin palabras: “el blancor de un cisne”. Este efecto visual sigue una lógica en algunas estrofas: a Aurora (la llegada del día) la anuncia “un resplandor que ciega mis ojos”. En otros casos la relación mujer-heraldo no es tan evidente, como sucede con Yolanda y la paloma. Esta relación de humanos (el caballero, los pajes) y animales (el pavo real, la corza blanca).
Sin embargo toda esta enumeración no sirve sino para introducir la broma final del comediante, la sorpresa de la fiesta: “¿Ella?/(No la anuncian. No llega aún)”. Nótese que Darío ha empleado incluso la tipografía para producir un efecto sonoro: Ella, en cursiva, sin signos de exclamación, y el paréntesis de la respuesta provoca en el lector la idea de un diálogo susurrado. De esta manera, la fiesta no está completa, el carnaval no tiene motivo de celebración. Las mujeres no son sino figuras que enmascaran a la mujer real, la que esperan los espectadores igual que el poeta Darío espera que lleguen los “talentos en el limbo”. Esto produce un efecto de insatisfacción en el lector, una impresión de fin que llega sin que la fiesta termine porque Ella no ha llegado aún, pero el poema sí se ha terminado.
Testamento de Bonnie & Clyde
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─Apuntes del natural─
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marcados, le debo más de una, porque tiene, al revés qu...
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